despertardelaletargo

Thursday, August 24, 2006

TE LO MERECES TODO EN LA VIDA
Esto va dedicado a una persona que quiero muchisisimo, una persona que está siendo un ejemplo de entereza, de superación para el resto que la conoce y que sabe su historia.
Creo que te mereces un huequito en mi blog, sobretodo porque está creado desde lo más profundo de los sentimientos humanos y porque está permitiendo que la gente que me conoce mire dentro de su interior y diga aquello que siente. Y tú te mereces estar presente entre nosotros, como el mayor de los ejemplos.
La vida a veces nos juega malas pasadas, o quizás el destino y nos pone ante situaciones difíciles que hace que nos sintamos profundamente mal, hasta el punto de creer que no merece la pena vivir; pero la vida no es sólo tuya, sino de también de la gente que te quiere y ellos no se merecen un dolor tan fuerte.
Hubo alguien que una vez nos dijo que después de un mal momento, por muy duro que fuera, venía algo bueno y a ti te llego en foma de una nueva vida y que hoy se ha convertido en el centro de tu vida y en algo por lo que seguir luchando.
Quiero que sepas que eres un ejemplo para todas nosotras, que cuando hay alguna situación que nos pone triste, pensamos en la fortaleza con la que tu has sabido superar lo malos momentos; y que aunque tu no te lo creas, la vida te seguirá premiando con nuevas ilusiones y sabes por qué? porque la has empezado a mirar con optimismo y con ilusión.

4 Comments:

At 1:00 PM, Blogger danonino said...

Aquí no puedo comentar nada. Lo único que se me ocurre es que mucho ánimo, y que la niña es una preciosidad

 
At 2:24 AM, Anonymous Anonymous said...

Los niños son lo mejor, te ayudan a superar cualquier cosa.

 
At 5:15 AM, Anonymous Anonymous said...

eso es.......... lo más importe es hacer cada día algo que nos haga sonreir y que mejor que preocupando de otra personita que..... es tan linda :D

 
At 3:06 AM, Anonymous Anonymous said...

Fátima la hilandera y la tienda
(Antiquísimo cuento sufí)



“En una ciudad del más lejano Oriente vivía una joven llamada Fátima, hija preferida de un próspero hilandero.
Un día su padre dijo:

- Hija mía, has aprendido el oficio, te has convertido en mi ayudante, por lo tanto, quiero que vengas conmigo a una travesía, pues tengo negocios que hacer en las islas del mar Mediterráneo. Tal vez encuentres a un joven atractivo, de buena posición, que podrás tomar por esposo.

Se pusieron en camino y viajaron de isla en isla, el padre haciendo sus negocios y Fátima soñando con el esposo que pronto podría ser suyo.
Pero un día, cuando estaban camino de Creta, se levantó una tormenta y el barco naufragó. Fátima, semiconsciente, fue arrojada a una playa cercana a Alejandría. Su padre había muerto, dejándola completamente desamparada.
A partir de entonces su vida pasada le pareció un tenue recuerdo lejano. Estaba completamente exhausta por la experiencia del naufragio, por tantas horas expuesta a las inclemencias del mar…
Mientras por la arena, una familia de tejedores la encontró, y aunque eran muy pobres la llevaron a su humilde casa y le enseñaron el oficio. De esta sencilla manera, Fátima inició una segunda vida, y al cabo de uno o dos años, habiéndose reconciliado con su suerte, recobró su felicidad.
Pero una mañana, estando en la playa, una banda de mercaderes de esclavos desembarcó y se la llevó junto con otros cautivos. Pese a lamentarse amargamente de su suerte, la muchacha no encontró ninguna compasión por parte de ellos, quienes la llevaron a Estambul y la vendieron como esclava.
Por segunda vez, el mundo se había derrumbado.
Uno de aquellos días, sin embargo, apareció en el mercado un hombre que buscaba esclavos para que trabajaran en su aserradero, donde fabricaba mástiles para barcos. Cuando el mercader vio el abatimiento de la infortunada Fátima, decidió comprarla, pensando que, al menos, podría ofrecerle una vida un poco mejor que la que habría de recibir de cualquier otro comprador.
Llevó a Fátima a su hogar con la intención de hacer de ella una sirvienta para su esposa, pero al llegar a su casa se enteró de que había perdido todo su dinero, pues su cargamento más importante había sido capturado y robado por piratas. Entonces comprendió que ya no podría afrontar los gastos que le ocasionaba tener tantos trabajadores, de modo que él, Fátima y su mujer quedaron solos para llevar a cabo la pesada tarea de fabricar mástiles.
Fátima, agradecida a su patrón por haberla rescatado, trabajó tan duramente y tan bien, que tiempo después él le dio la libertad. Gracias a su esmero, ella llegó a ser su ayudante de confianza. Fue así como logró ser relativamente feliz en su tercer oficio.
Un buen día, el mercader dijo:

- Fátima, quiero que vayas a Java en calidad de agente mía con un cargamento de mástiles, asegúrate de venderlos con provecho.
La muchacha se puso en camino, pero al pasar frente a las costas de China, un tifón hizo naufragar la embarcación y, una vez más, salvó milagrosamente su vida mientras era arrojada a las playas de un país desconocido. Otra vez lloró amargamente, pues sentía que en su vida nada sucedía de acuerdo con sus expectativas. Siempre que las cosas parecían andar bien, algo espantoso ocurría malogrando todas sus esperanzas.

- ¿Por qué será – exclamó por tercera vez – que siempre que intento hacer algo se malogra? ¿Por qué me ocurren tantas desgracias?

Pero no hubo respuesta, de manera que se levantó de la arena y caminó tierra adentro.
En China nadie había oído hablar jamás de Fátima, ni existía persona que supiera acerca de sus problemas. Sin embargo, en uno de aquellos reinos circulaba la leyenda de que un día llegaría allí cierta hermosa mujer extranjera, capaz d enseñar a construir enormes tiendas para sus ejércitos, un arte por entonces muy codiciado.
A fin de estar seguros de que la esperada extranjera no pasara inadvertida si un día pisaba aquel suelo, el rey solía mandar heraldos a todas las ciudades y aldeas, pidiendo que cada mujer extranjera fuera llevada a la Corte. Fue precisamente en una de esas ocasiones cuando Fátima, agotada, llegó a una ciudad costera de China. La gente del lugar habló con ella por medio de un intérprete, explicándole que tendría que presentarse ante el rey.

- Señora – dijo el rey cuando Fátima fue llevada al castillo -, ¿sabéis fabricar una tienda capaz de resistir los embates de las campañas de mis ejércitos?
- Creo que sí – dijo Fátima.

Muy pronto, habiendo comprobado la mala calidad de las sogas que poseían, recurrió a sus conocimientos de sus tiempos de hilandera, recogió lino y fabricó las cuerdas. Luego pidió una tela fuerte, y también la juzgó inadecuada para el uso. Entonces, utilizando su experiencia con los tejedores de Alejandría, confeccionó una tela resistente para hacer tiendas. Más tarde, como había sido enseñada por el fabricante de mástiles de Estambul, hábilmente fabricó unos sólidos parantes. Al quedar éstos listos, se devanó los sesos recordando todas las tiendas que había visto en sus viajes, y he aquí que la tienda fue construida.
Cuando esta maravilla fue mostrada al rey, él le ofreció dar cabal cumplimiento a cualquier deseo que ella expresara. Fátima eligió establecerse en China, donde se casó con un atractivo príncipe y, rodeada por sus hijos, vivió hasta el fin de sus días.”


Fue a través de estas aventuras como Fátima comprendió que aquello que le había parecido en su momento una experiencia desagradable, resultó ser parte esencial en la elaboración de su felicidad final.



Ojala tomes el control absoluto de tu destino y de tu vida. Tú eres la única responsable de lo que te suceda o no te suceda, de lo que tienes o no tienes. Mil besos...

 

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